Muchas personas llegan a consulta sin saber explicar qué los ha llevado a tomar la decisión de ir a un
psicólogo.
Sienten que no hay un motivo claro y no pueden poner palabras a lo que les está ocurriendo:
“no sé lo que me pasa, pero no me siento yo mismo”, “quizá no debería estar aquí, porque no estoy
mal, pero tampoco me siento bien”. No ha pasado nada en concreto y, aun así, hay una sensación de
malestar que está ahí.
A veces este malestar aparece como intranquilidad; otras, como agotamiento, insatisfacción o una
inseguridad con uno mismo que antes no estaba.
Estamos acostumbrados a identificar lo que sentimos cuando ha ocurrido algo evidente que lo
desencadena. En esos casos, no solo resulta más fácil reconocer que necesitamos ayuda, sino
también entender por qué.
Pero cuando no es así, es más fácil ignorarlo. Al no saber explicarlo, tendemos a restarle
importancia:
“hay cosas mucho más graves”,
“he pasado por momentos peores”,
“a todo el mundo le pasa, es normal”.
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